domingo, 26 de junio de 2016

LR

LR nació en un año gris, pero
LR nació en primavera
LR aterrizó un mes antes (es ochomesina)
LR es, en realidad, MLR
MLR es la del medio de tres hermanas, las tres M (como las estrellas)
LR siempre quiso haber nacido pelirroja
LR, a los seis años, hizo una puertita en su flequillo de un tijeretazo
LR se asombró al ver el mechón de pelo en sus dedos y lo escondió debajo de un almohadón
LR fue apodada por su padre "La flacuchona de los cuchuflos"
LR solía llevar un peinado con dos colitas
LR era muy flaca y larga
LR jugó al básquet en la categoría infantil
LR tiene una mejor-amiga-de-toda-la-vida que se llama ALA






domingo, 26 de mayo de 2013

Elsa y yo


Cuando estaba en quinto grado de la escuela primaria, tuve que memorizar un poema. El libro de lectura se llamaba Travesía 5, y el poema en cuestión, según lo recita veintilargos años después mi memoria, empezaba así “Ay, qué disparate/ se mató un tomate/ ¿Quieren que les cuente?/ Se arrojó a la fuente/ sobre la ensalada/ recién preparada/ Su rojo vestido/ todo descosido / cayó haciendo arrugas/ a un mar de lechugas” y no recuerdo más. Era un poema largo. No sé si finalmente logré aprenderlo de memoria. Pero no quiero hablar del poema. Quiero hablar sobre su autora.
En medio del ejercicio de memorización, desvié mi vista de los versos y leí Elsa Bornemann. Elsa Bornemann. Elsa Bornemann. Yo había visto ese nombre escrito en otro lugar. Fui a fijarme. Tomé de la biblioteca de mi habitación un libro que muchas veces había estado en mis manos. Era una antología que se llamaba Cuentos para que los chicos se emocionen y sí, efectivamente, en la tapa del libro, entre otros nombres, estaba el de esta autora.
Me gustaba mucho un cuento de ese libro. Lo releía cada tanto. Era la historia de un niño que observaba a un ciervo para dibujarlo y que un día, el día menos pensado, siguiendo a su modelo vivo vio como un cazador lo mataba. La primera vez que lo leí lloré. Y creo que lo releía cada tanto buscando revivir esa sensación, esa conmoción, ese temblor, que ninguna otra lectura hasta entonces me había producido. ¿Sería Elsa Bornemann la autora de El día menos pensado? ¡Sí!
Tomé otro libro de la biblioteca, otra antología. Caramelos surtidos. Fui derecho a la página donde estaba mi caramelo preferido, el que me trasportaba al aire levemente,  como empujada por un suspiro. Uno más uno. Autora: Elsa Bornemann. ¡Qué coincidencia!
Volví al libro de lectura. Leí el poema. No ya con afán de memorizarlo sino buscando eso que Elsa sabía hacer. Y sí, ahí estaban las imágenes, la gracia, el ritmo, las rimas.
Me acuerdo que fui a la cocina y, acodada sobre la mesada, le conté a mi mamá que había descubierto que Elsa Bornemann era mi escritora favorita. Lo dije con un tono entre orgulloso y solemne. No sé qué esperaba que me contestara. Yo la había oído varias veces expresar su predilección por Gabriel García Márquez. Tener mi escritora favorita era algo importante, era como, no sé, ser más grande.
Lo cierto es que yo no conocía muchos más escritores. Si bien había leído ya algunos cuentos, nunca reparaba en los autores. Ningún niño lo hace. Yo supe siendo ya mayor quién había escrito Pinocho, quién Peter Pan, y dudo que haya sido meramente por haber conocido en principio adaptaciones de esas novelas y  no sus versiones originales. Lo primero que disfrutamos los niños son cuentos anónimos, de tradición popular, oral. La literatura de autor es una cosa de grandes. Y quizá, a esta altura, una cosa de viejos, una incipiente antigüedad. Pero no quiero irme por las ramas, quiero hablar de Elsa, la primera que me hizo temblar.
Fue ella también  la primera que me hizo rechazar una historia. Rechazarla con el cuerpo. Apartar el libro de mi vista, dejarlo a un costado de la cama, intuir un desenlace demasiado espeluznante como para seguir leyendo. Pero al rato sí, animarme a leer, habiendo tomado ya la distancia necesaria. Eso me pasó con El nuevo frankenstein o cuento de pasado mañana, terrible cuento del libro Los desmaravilladores.
Ayer volví a leer precisamente el cuento que da nombre  a ese libro. Esta vez no me gustó. Es  la historia de una niña hija de desaparecidos que se reencuentra con su familia gracias a que azarosamente, durante un viaje, se cruza con una niña que es idéntica a ella, su reflejo. No me gustó cómo está planteado el contexto. Hubiera sido muy interesante poder debatir con Elsa sobre esto. ¿Buscó una simplificación en pos del destinatario infantil? ¿Fue presa de un relato de época (ni más ni menos que la teoría de los dos demonios) que ya ha sido revisado, corregido, superado? No lo sé. Quizá hoy quiera justificar a Elsa. Porque ya no está, porque yo ya no soy una lectora niña, porque fuimos una en el encuentro mágico de la literatura.

sábado, 18 de mayo de 2013

quién sabe



¿Por qué son contagiosos los bostezos?
¿Qué es la risa?
¿Por qué la mesa se llama mesa
                                                   y no
                                                         silla?

¿Dónde se esconden los objetos perdidos?
¿Quién inventó el primer trabalenguas?
¿Por qué el tiempo a veces vuela
                                                     y otras veces
                                                                          tortuguea?

¿Qué día, de qué mes,
de qué año y en qué horario
                  – por una de esas casualidades –
                                          nos cruzaremos en el barrio?

¿Con qué voy a soñar cuando me quede dormido?
¿Cuál será mi próxima sorpresa?
¿Se imaginan
                       qué aburrido
                                           tener todas las respuestas?

viernes, 9 de julio de 2010

Tic- tac

Cuando escucho el tic-tac del despertador, se me cae el pelo. Tres pelos con el tic, cuatro con el tac, y el piso cada tic más peludo y mi cabeza cada tac más calva. Entonces tengo que tic pensar cómo conservar lo tac poco que queda. Tapo mis tic oídos, pero igual tac se oye. Enciendo la radio tic y subo el volumen tac, pero en ese instante tic se corta la luz y tac de nervios me agarra un tic que es como un guiño tac del ojo derecho tic al ritmo del tac-tic-tac. A oscuras el tic-tac-tic parece resonar más y tac no se me va el tic y casi pelada tac abro la ventana tic y lanzo el reloj tic-tac, que cae en la calle tuc y lo pisa un auto crash!



miércoles, 7 de julio de 2010

Como todo el mundo sabe



 dedicado a María Granata

los vegetales son inmensamente confiados
los animales ven todos los días seres extraordinarios 
las cosas redondas se caen
con mayor facilidad
los gnomos hablan siempre a coro
(para que su voz alcance cierta estatura)
pocas cosas hay en el mundo
tan bellas como los húmedos ojos de un caballo
cuando un niño se siente muy feliz
solo sonríe
y en Buenos Aires
hay ángeles sin alas durmiendo en los bancos de las plazas
esperándonos
para que les enseñemos a andar en bicicleta

viernes, 2 de julio de 2010

Metamorfosis

El sol amarillea la mañana:
a la laguna azul, la tiñe de verde;
a las manzanas deliciosas, las vuelve naranjas;
y al magestuoso cisne blanco,
amarillo patito.

martes, 9 de octubre de 2007

Luna

paraje de mis sueños
centro de mi despiste
satélite del romanticismo
plateada moneda gigante
cuna de ficciones
urbe del futuro
hogar de selenitas
bola de queso y pan duro
luz en las tinieblas
dueña de la noche
en mis desayunos: media
rueda de mágico coche
protagonista de eclipses
pastilla fresca de menta
inspiradora de paz
de astronautas: meta

lunes, 3 de septiembre de 2007

El árbol

Faltaban ya pocos días para que talaran el bosque. Tal vez yo sentía tanto miedo porque sabía que iban a aserrarme. Pero ese miedo se fue alejando cuando empecé a escuchar dentro de mí la voz de mi madre. Recordé las palabras exactas con las que me habló aquella vez, la última vez:

“Prométeme que crecerás alto y frondoso, que sabrás ocupar mi lugar cuando yo ya me haya ido. Serás un buen árbol: te habitarán pájaros y niños, cobijarás con tu sombra los sueños de quienes duerman recostados en tu tronco.  Y cuando llegue la hora de irte, como me ha llegado a mí, no temas. ¡Quizá seas tallado por un artesano y te conviertas en un juego de ajedrez! ¡O mutes en guitarra de la mano de un hábil luthier!
Puedes llegar a ser muchas cosas: un cofre lleno de cartas de amor, un perchero poblado de bufandas, un ataúd o una cuna... Nunca llegarás a ser un gran mueble porque nuestra madera no es muy fuerte, pero no por eso te desanimes”

El recuerdo de mi madre hizo que me sintiera mejor y mi imaginación voló por las ramas. Pero jamás creí que acabaría aquí, convertido en cientos de lápices. Como tampoco nunca sospeché que una niña, cierta tarde, escribiría mi historia con uno de esos lápices, como si yo mismo se la hubiera dictado.