viernes, 9 de julio de 2010

Tic- tac

Cuando escucho el tic-tac del despertador, se me cae el pelo. Tres pelos con el tic, cuatro con el tac, y el piso cada tic más peludo y mi cabeza cada tac más calva. Entonces tengo que tic pensar cómo conservar lo tac poco que queda. Tapo mis tic oídos, pero igual tac se oye. Enciendo la radio tic y subo el volumen tac, pero en ese instante tic se corta la luz y tac de nervios me agarra un tic que es como un guiño tac del ojo derecho tic al ritmo del tac-tic-tac. A oscuras el tic-tac-tic parece resonar más y tac no se me va el tic y casi pelada tac abro la ventana tic y lanzo el reloj tic-tac, que cae en la calle tuc y lo pisa un auto crash!



miércoles, 7 de julio de 2010

Como todo el mundo sabe



 dedicado a María Granata

los vegetales son inmensamente confiados
los animales ven todos los días seres extraordinarios 
las cosas redondas se caen
con mayor facilidad
los gnomos hablan siempre a coro
(para que su voz alcance cierta estatura)
pocas cosas hay en el mundo
tan bellas como los húmedos ojos de un caballo
cuando un niño se siente muy feliz
solo sonríe
y en Buenos Aires
hay ángeles sin alas durmiendo en los bancos de las plazas
esperándonos
para que les enseñemos a andar en bicicleta

viernes, 2 de julio de 2010

Metamorfosis

El sol amarillea la mañana:
a la laguna azul, la tiñe de verde;
a las manzanas deliciosas, las vuelve naranjas;
y al magestuoso cisne blanco,
amarillo patito.

martes, 9 de octubre de 2007

Luna

paraje de mis sueños
centro de mi despiste
satélite del romanticismo
plateada moneda gigante
cuna de ficciones
urbe del futuro
hogar de selenitas
bola de queso y pan duro
luz en las tinieblas
dueña de la noche
en mis desayunos: media
rueda de mágico coche
protagonista de eclipses
pastilla fresca de menta
inspiradora de paz
de astronautas: meta

lunes, 3 de septiembre de 2007

El árbol

Faltaban ya pocos días para que talaran el bosque. Tal vez yo sentía tanto miedo porque sabía que iban a aserrarme. Pero ese miedo se fue alejando cuando empecé a escuchar dentro de mí la voz de mi madre. Recordé las palabras exactas con las que me habló aquella vez, la última vez:

“Prométeme que crecerás alto y frondoso, que sabrás ocupar mi lugar cuando yo ya me haya ido. Serás un buen árbol: te habitarán pájaros y niños, cobijarás con tu sombra los sueños de quienes duerman recostados en tu tronco.  Y cuando llegue la hora de irte, como me ha llegado a mí, no temas. ¡Quizá seas tallado por un artesano y te conviertas en un juego de ajedrez! ¡O mutes en guitarra de la mano de un hábil luthier!
Puedes llegar a ser muchas cosas: un cofre lleno de cartas de amor, un perchero poblado de bufandas, un ataúd o una cuna... Nunca llegarás a ser un gran mueble porque nuestra madera no es muy fuerte, pero no por eso te desanimes”

El recuerdo de mi madre hizo que me sintiera mejor y mi imaginación voló por las ramas. Pero jamás creí que acabaría aquí, convertido en cientos de lápices. Como tampoco nunca sospeché que una niña, cierta tarde, escribiría mi historia con uno de esos lápices, como si yo mismo se la hubiera dictado.